El efecto antidepresivo del Omega 3

El efecto antidepresivo del Omega 3

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Desde hace años se apunta la importancia de los ácidos Omega 3 en el sistema nervioso central y cada vez más estudios apuntalan con fuerza la teoría.

En el cerebro los lípidos juegan un papel fundamental y los Omega 3 no son sintetizados en el propio organismo. La única forma de obtenerlos es a través de la dieta.

Después de numerosas evidencias que demuestran la relación entre un pobre aporte alimenticio en Omega-3 y la depresión, una investigación tuvo como objetivo analizar de manera sistemática los estudios de evaluación relacionados con la depresión.
En total, los autores examinaron 10 estudios clínicos de una duración mínima de 4 semanas en los cuales se utilizó el EPA o el DHA como tratamiento de la depresión mayor o bipolar.
Se demostró que los Omega-3 tienen un efecto antidepresivo y que mejoran de manera significativa el estado de los pacientes que padecen depresión.

Desde luego, estos resultados deben completarse con otros trabajos más amplios. Sin embargo, los Omega 3 son eficaces y no tienen efectos colaterales, razón por la cual deben considerarse una alternativa terapéutica dentro de la variedad de tratamientos contra la depresión.
Lo anterior es aún más cierto cuando nos referimos a poblaciones sensibles como los niños, las mujeres embarazadas o lactantes, o los pacientes que presentan resistencia a los tratamientos.
Estos resultados se suman al creciente conjunto de pruebas que relacionan los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga con los trastornos mentales.

¿Omega-3 vs. Omega-6?

¿En qué se basa la presunción de que son los Omega-3 del pescado lo que protegería frente a la depresión? Según los investigadores, es que entre los ácidos grasos está el ácido docosahexaenoico (DHA), necesario para una función neuronal óptima.
Un segundo aspecto sería la adaptación evolutiva de los humanos, la cual se cree que debió estar condicionada por dietas como las del Paleolítico, con proporciones equivalentes en ácidos grasos Omega-3 y ácidos grasos Omega-6, presentes en cereales que, como el maíz y la soja, no eran tan abundantes. Sin embargo, en los últimos 100 años la proporción entre ambos tipos de ácidos grasos se ha descompensado, siendo el consumo de Omega 6 hasta 25 veces más elevado que el de Omega-3. Alguna relación debe tener, creen estos investigadores, con el hecho de que en el último siglo la prevalencia de depresión se haya incrementado en todo el mundo.

Otro estudio que apunta la importancia de la correlación Omega-3 y Omega-6 reveló que las personas que padecían depresión tenían en sangre una composición de ácidos grasos diferente a la de aquellos sin depresión. En concreto, los niveles de Omega-3 eran menores en los pacientes con depresión, mientras que el nivel de Omega 6 era mayores en estos.

Omega-3, un combustible del cerebro

El cerebro es uno de los órganos con mayor nivel de lípidos (grasas), explica J.M. Bourre, investigador del Laboratorio de neurofarmacología y nutrición del Hospital Fernand-Widal (Francia). Las grasas del cerebro, formadas por ácidos grasos, participan en la estructura de las membranas celulares.
El 50% de los ácidos grasos de la materia gris son polinsaturados, un tercio son de la familia de los Omega-3 y su origen es la dieta.

Este autor recuerda en un artículo, en el número de febrero de la publicación francesa Medecine Sciences, que experimentos desarrollados sobre células cerebrales (neuronas, astrocitos y oligodendrocitas) y sobre modelos animales, que las dietas deficitarias en Omega-3 tienen consecuencias en la estructura y en el funcionamiento del cerebro, así como en el aprendizaje y en el comportamiento. Es normal pues considerar que podrían estar implicados en alteraciones psiquiátricas y en el declive cognitivo del envejecimiento.
También parecen jugar un papel en la prevención del estrés, la demencia o la enfermedad de Alzheimer. Incluso se han sugerido sus beneficios en la dislexia, el autismo y la esquizofrenia, aunque de ahí no se infiere necesariamente que se trate de problemas nutricionales.

Si bien los Omega-3 juegan un papel relevante en el cerebro, no son los únicos. Otros nutrientes, como la vitamina B o la vitamina E juegan también papeles determinantes. Una dieta equilibrada debería aportar todos esos compuestos.

Omega-3 y la función neuronal

Son diversos los nutrientes específicos que garantizan la correcta nutrición del cerebro. El aporte suficiente de ácidos grasos esenciales, de ácidos grasos omega-3 (DHA y EPA), proteínas, ciertas vitaminas (B1, B6, B12), minerales y oligoelementos mantiene la integridad estructural y funcional de las neuronas, células especializadas del sistema nervioso. Varias líneas de investigación sugieren que los ácidos grasos omega-3 pueden desempeñar un papel relevante en la fisiopatología, la terapia o la prevención del trastorno bipolar.

También se ha demostrado que en enfermedades mentales como la depresión y ciertas demencias existen deficiencias nutritivas a nivel celular, si bien no hay conclusiones firmes para determinar si estas carencias son clave en el desarrollo de la enfermedad, en su nivel de gravedad o en la respuesta al tratamiento farmacológico.

Dietas equilibradas contra la depresión

Lo que se preguntan los expertos es hasta qué punto puede estar afectando la dieta a la aparición de estados depresivos. El interés por el papel de los Omega-3 cobra mayor relevancia ante las cada vez más desequilibradas dietas de niños y jóvenes, y por la facilidad por la que se opta, en algunos casos, a la medicación farmacológica. El pasado año, la Agencia de Fármacos y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) reconocía que algunos antidepresivos estaban vinculados con el riesgo de suicido en adolescentes, lo que debería señalizarse en adelante con una advertencia en los envases.

Paralelamente, algunas fuentes dan a EE.UU. como uno de los países con menor consumo de ácidos grasos Omega-3, presentes en el pescado, marisco y en verduras de hoja verde, dato que espolea la hipótesis de que la dieta desequilibrada es una de las causas del incremento en la prevalencia de la depresión. En Europa el tema de los hábitos alimentarios no está mucho mejor, aunque a los países mediterráneos como España les salva un mayor consumo tradicional de pescado. Sin embargo, uno de los riesgos es la progresiva sustitución de la dieta mediterránea tradicional por dietas con un mayor contenido en grasas, azúcares y proteínas de origen animal, propias de los establecimientos de comida rápida.

Alimentos que contienen Omega-3

De todas las fuentes de ácido grasos Omega-3, el lino (Linum usitatissimum L.), el cañamo (Cannabis sativa L.) y la chía (Salvia hispánica L.) son las destacadas a nivel agrícola. Estas semillas a menudo se utilizan molidas como ingrediente alimenticio, o en forma natural como suplemento dietético.
Entre los aceites más reconocidos están el Prímula u Onagra, Lino, Cañamo y Sacha Inchi. Estas son las especies vegetales con la mayor concentración de ácido graso alfa-linolénico conocida hasta la fecha.

Las otras dos fuentes disponibles son de origen marino: las algas y el aceite de pescado.
Las microalgas Spirulina, cuyo contenido de ácido GLA es el más alto conocido en la naturaleza, pero que al ser la base nutriente del producto posibilita sumar otros numerosos principios alimentarios, tales como proteínas, vitaminas, minerales, enzimas, que servirán de corrección dietaria para optimizar las funciones orgánicas involucradas en la nutrición.

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