Los alimentos más difíciles de digerir

Los alimentos más difíciles de digerir

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Foto: pexel

Existen alimentos que, a pesar de resultar ricas o irresistibles, son “pesadas” y caen mal al estómago, así como también generan síntomas que van desde gases hasta hinchazón abdominal, ardor o reflujo. Más allá de las intolerancias específicas de cada organismo, la realidad es que hay platos que tardan más tiempo en digerirse que otros. Conózcalos en este artículo.

¿Cuáles son los síntomas de que un alimento causó indigestión?
Dispepsia, digestiones pesadas y lentas, dolor abdominal, estreñimiento o diarrea. Todos estos síntomas son advertencia de una alteración digestiva. Puede tratarse de una intolerancia alimentaria sin diagnosticar, o bien puede indicar debilidad funcional de algún órgano digestivo. En una lenta o mala digestión está implicada la disfunción de alguno (o varios) de los distintos órganos que participan en dicho proceso: desde la dentadura y el estómago, hasta el páncreas, el hígado, la vesícula o los intestinos.

Muchas veces se identifica a los alimentos poco nutritivos, como aquellos que son nocivos o le sentarán mal a su estómago. Pero cuidado, ya que no solo los alimentos grasos y muy azucarados pueden generar una mala digestión, sino que (para sorpresa de muchos) existen determinados platos que a pesar de su perfil saludable, pueden causar indigestión. Por eso, muchos de ellos están contraindicados en las dietas si las dolencias digestivas persisten.

Alimentos y formas de cocción de naturaleza indigesta

El huevo duro y en tortilla: En ambas formas de preparar el huevo, la yema (la parte que concentra las grasas, y en consecuencia, los componentes más indigestos) está coagulada. El problema está en que de esta forma es más difícil de digerir, ya que requiere más trabajo enzimático y biliar que si no estuviera en estado de coagulación. Por eso, una alternativa más liviana es optar por el huevo pasado por agua o escalfado. Incluso puede elegir comerlo frito, siempre y cuando sea en aceite de oliva y se sirva bien escurrido.

Bechamel (salsa blanca) y productos elaborados con mezcla de harinas, mantequilla y leche: como croquetas, rellenos o bases de repostería. La mantequilla, al cocinarse, resulta muy indigesta. Si bien este ingrediente está presente en todo tipo de recetas y es demasiado frecuente en muchos hogares, hay que tener cuidado de no abusar en su utilización. Esta materia grasa no es una alternativa sana para cocinar, dado que por encima de 90 ºC, se quema y se forma la acroleína, una sustancia que frecuentemente es asociada a la irritación de la mucosa gástrica.

Alimentos que fueron freídos en aceite recalentado o de mala calidad: En estos casos también se generan sustancias que socavan la mucosa gástrica. Por este motivo, se debe evitar abusar de bocadillos fritos o picadas en bares y restaurantes en los que usted note que utilicen aceite pasado, viejo o recalentado. Además, las frituras y los alimentos freídos con aceites recalentados pueden ser fuente de grasas trans en la dieta. Cabe aclarar que durante cualquier proceso de fritura con aceite vegetal se produce acroleína, pero el impacto será menor cuanto mejor sea la calidad y el estado del aceite. Es aconsejable un consumo medido de todo tipo de alimentos fritos, desde croquetas y empanados, hasta rebozados, papas fritas y demás snacks.

Conservas de pescado en aceite: como sardinas, anchoas o caballa. Son alimentos de naturaleza grasa y además están conservados en un líquido graso, por lo que su digestión resulta más exigente. Por eso es bueno evitar el excesivo consumo, en caso de estómagos delicados, gases o hinchazón abdominal, o en el caso de quienes sufren migrañas o cefaleas. En estos casos, es recomendable reducir la cantidad de la ración, o reservarla para el almuerzo, pero no para la cena, ya que pueden resultar más pesados.

Jugo o zumo de naranja, en ayunas: La naranja, especialmente si se toma en forma de jugo por las mañanas, es de naturaleza colagoga, es decir que puede provocar un vaciamiento brusco de la vesícula biliar acompañado de molestias más o menos intensas como náuseas o pesadez abdominal, e incluso dolor. Esto produce debilidad o lentitud en el trabajo digestivo del hígado y la vesícula biliar.

Leche y productos lácteos. Muchas son las personas que sufren intolerancia a la lactosa (o azúcar de la leche), o no toleran alguna de sus proteínas, en el caso de la histaminosis alimentaria a la leche. El resultado es un cuadro de malestar digestivo (como las náuseas matutinas, si se tiene la costumbre de tomar lácteos en el desayuno, gases o hinchazón abdominal) que condiciona la calidad de vida.

Tiempos lentos de digestión

Hay alimentos que, debido a su particular composición, el organismo se encarga de digerirlos en tiempos más pausados. De ese modo, se evita una liberación brusca de histamina por parte de las células corporales, que puede provocar molestias, en particular a las personas sensibles a ciertos alimentos.

Si hablamos de tiempos de digestión, depende de cada tipo de alimento: algunos pueden tardar en digerirse 2 horas, otros entre 2 y 10 horas, cuando otros pueden tardar hasta varios días. En este proceso complejo de atravesar el conducto digestivo influyen muchos factores: desde la cantidad de alimento ingerida, su estado (líquido o sólido), su composición (proteínas, grasas, hidratos, fibra), o el modo de preparación previa y cocción. Pero también incide la edad de quien lo come o su estado de salud digestiva (boca, estómago, páncreas, hígado, vesícula e intestinos).

Algunos ejemplos:

Un pescado cocido, un arroz blanco o un huevo pasado por agua se digieren rápido: en menos de 2 horas. En cambio, el doble de tiempo (entre 3 y 5 horas) debe trabajar el sistema digestivo al comer un bocadillo de jamón, unas papas fritas, un trozo de queso curado o un plato de lentejas. Y hasta 7 o 9 horas pueden tardar en descomponerse en sus nutrientes elementales (aminoácidos, ácidos grasos libres, vitaminas, minerales) si ha comido las partes más grasas del cerdo, asado/parrillada/barbacoa o una lata de sardinas en conserva de aceite por ejemplo.

Saber interpretar las verdaderas causas del malestar digestivo

Ser conciente de la raíz del problema es clave para quienes sufren intolerancias alimentarias o histaminosis alimentaria, que suelen sufrir de manera más persistente e intensa las molestias digestivas. Si los síntomas aparecen por la tarde, no solo hay que pensar en qué se ha comido recientemente para explicar la causa del malestar, sino en qué se ha ingerido desde el desayuno. De igual modo, si la sensación de pesadez o hartazgo aparece a lo largo de la mañana, en lugar de rastrear la culpa solo en los desayunos, cabe pensar en la cena del día anterior, e incluso en la merienda.

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