Claves para bajar la ansiedad y evitar el atracon

Claves para bajar la ansiedad y evitar el atracon

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Se calcula que entre el 15 y el 20% de la población padece o padecerá problemas de ansiedad. Foto: LaPetiteTwinkie

La ansiedad es un estado emocional en el que la persona tiene sentimientos de angustia y vacío. Hay diferentes tipos y niveles, que es bueno distinguir para identificar si es tolerable o si por el contrario es patológica. También hay que prestar especial atención a los hábitos de alimentación.

Si bien la ansiedad es un trastorno que empieza afectando al cerebro, también tiene repercusión sobre los órganos del cuerpo, pudiendo llegar a producir problemas físicos como taquicardia, dolor estomacal, diarreas, entre otros.

Se calcula que entre un 15% y un 20% de la población padece, o padecerá a lo largo de su vida, problemas relacionados con la ansiedad con una importancia suficiente como para requerir tratamiento. La mejora espontánea -es decir, sin consulta ni tratamiento- de los problemas por ansiedad es improbable y sólo se produce en muy pocas ocasiones. En la mayoría de los casos la ansiedad tiende a mantenerse, e incluso a extenderse y generalizarse. Tratar de sobreponerse a base de fuerza de voluntad, como piensan algunas personas, no es efectivo. Lo más conveniente es tratarse lo antes posible. La gran mayoría de los casos mejoran siguiendo el tratamiento adecuado.

Ansiedad y alimentación

Una ingesta inadecuada de los alimentos puede agravar la ansiedad. Aquí le presentamos algunas pautas para evitarlo.

  • Distinguir entre sensación de ansiedad y hambre, para no comer cuando el cuerpo no lo necesita.
  • Respetar los horarios  -no saltarse ninguna comida. Conviene retrasar el acto de comer unos minutos a partir del momento en el que se experimentan las primeras sensaciones de hambre.
  • Comer sentado en la mesa, de un modo tranquilo y ordenado -sin mezclar platos.
  • Retirar la fuente de la mesa después de servirse.
  • Acostumbrarse a dejar siempre algo en el plato, no comer “lo que sobra”.
  • Levantarse de la mesa en el momento en que se ha terminado de comer.
  • Planificar los menús con tiempo para poder prepararlos adecuadamente.
  • Hacer las compras con una lista evitando los elementos “prohibidos”, o llevar el dinero justo.
  • Preparar una lista de actividades que sean incompatibles con comer fuera de hora. Realizar esas actividades cuando se sienta ansioso por comer.
  • Aprender a relajarse para evitar tensiones que crean primero ansiedad y luego conducen a la sobreingesta.

Cómo reconocer la ansiedad a tiempo

La ansiedad es un fenómeno que se da en todas las personas y que, bajo condiciones normales, mejora el rendimiento y la adaptación al medio social, laboral, o académico. Tiene la importante función de movilizarnos frente a situaciones amenazantes o preocupantes, de forma que hagamos lo necesario para evitar el riesgo, neutralizarlo, asumirlo o afrontarlo adecuadamente. Por ejemplo, nos ayuda a estudiar si estamos frente a un examen, estar alerta ante una cita o una entrevista de trabajo, huir ante un incendio, etc.

Sin embargo, cuando sobrepasa determinados límites, la ansiedad se convierte en un problema de salud, impide el bienestar, e interfiere notablemente en las actividades sociales, laborales, o intelectuales. Puede limitar la libertad de movimientos y opciones personales. En estos casos no estamos ante un simple problema de “nervios”, sino ante una alteración. Existen varios tipos de trastornos por ansiedad cada uno con sus características propias.

¿Cuáles son sus síntomas?

No todas las personas tienen los mismos síntomas, ni la misma intensidad en todos los casos. Cada persona, según su predisposición biológica y/o psicológica, se muestra más vulnerable o susceptible a unos u otros síntomas. Algunos de ellos sólo se manifiestan de manera significativa en alteraciones o trastornos de la ansiedad.

En casos de ansiedad normal se experimentan pocos síntomas, normalmente de poca intensidad o duración. La ansiedad normal y proporcionada no puede ni debe eliminarse, dado que se trata de un mecanismo funcional y adaptativo. Se trata de saber convivir con la ansiedad, sin perder la operatividad. Sin embargo, algunas personas que han sufrido trastornos por ansiedad, sobre todo si han sido muy severos, están tan sensibilizadas que tienen después dificultades para tolerar la ansiedad normal, e incluso distinguirla de la patológica.

Los síntomas de la ansiedad son muy variados y pueden clasificarse en diferentes grupos:

  • Físicos: Taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, temblores, sudoración, molestias digestivas, náuseas, vómitos, “nudo” en el estómago, alteraciones de la alimentación, tensión y rigidez muscular, cansancio, hormigueo, sensación de mareo e inestabilidad. Si la activación neurofisiológica es muy alta pueden aparecer alteraciones del sueño, la alimentación y la respuesta sexual.
  • Psicológicos: Inquietud, agobio, sensación de amenaza o peligro, ganas de huir o atacar, inseguridad, sensación de vacío, sensación de extrañeza o despersonalización, temor a perder el control, recelos, sospechas, incertidumbre, dificultad para tomar decisiones.
  • De conducta: Estado de alerta e hipervigilancia, bloqueos, torpeza o dificultad para actuar, impulsividad, inquietud motora, dificultad para estarse quieto y en reposo. Estos síntomas vienen acompañados de cambios en la expresividad corporal y el lenguaje corporal: posturas cerradas, rigidez, movimientos torpes de manos y brazos tensión de las mandíbulas, cambios en la voz, expresión facial de asombro, duda o crispación, etc.
  • Intelectuales o cognitivos: Dificultades de atención, concentración y memoria, aumento de los descuidos, preocupación excesiva, expectativas negativas, pensamientos distorsionados, incremento de las dudas y la sensación de confusión, tendencia a recordar sobre todo cosas desagradables, abuso de la prevención y de la sospecha, interpretaciones inadecuadas, susceptibilidad, etc.
  • Sociales: Irritabilidad, ensimismamiento, dificultades para iniciar o seguir una conversación, en unos casos, y verborrea en otros, bloquearse o quedarse en blanco a la hora de preguntar o responder, dificultades para expresar las propias opiniones o hacer valer los propios derechos, temor excesivo a posibles conflictos, etc.

El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)

Padecer este trastorno significa anticipar siempre un desastre, frecuentemente preocupándose excesivamente por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. Sin embargo, a veces, la raíz de la preocupación es difícil de localizar. La preocupación y la tensión son crónicas aún cuando nada parece provocarlas. El simple hecho de pensar en pasar el día provoca ansiedad.

Las personas que sufren esta perturbación no parecen poder deshacerse de sus inquietudes aún cuando generalmente comprenden que su ansiedad es más intensa de lo que la situación justifica. No pueden relajarse y les cuesta mucho trabajo conciliar el sueño. Sus preocupaciones van acompañadas de síntomas físicos, especialmente temblores, contracciones nerviosas, tensión muscular, dolores de cabeza, irritabilidad o transpiración.

El TAG se presenta gradualmente y afecta con mayor frecuencia a personas en su niñez o adolescencia, pero también puede comenzar en la edad adulta. Es más común en mujeres que en hombres, y con frecuencia ocurre en los familiares de las personas afectadas. Se diagnostica cuando alguien pasa cuando menos 6 meses preocupándose excesivamente por varios problemas diarios.

En general, los síntomas tienden a disminuir con la edad. Sin embargo lo adecuado es seguir un tratamiento. Se están llevando a cabo investigaciones para confirmar la efectividad de medicamentos ansiolíticos -benzodiazepinas, buspirona- y antidepresivos. También son útiles las técnicas de terapia cognitivo-conductual, las técnicas de relajación y de retroalimentación para controlar la tensión muscular.

Por lo general, el daño asociado con TAG es ligero y las personas con ese trastorno no se sienten restringidas dentro del medio social o en el trabajo. A diferencia de muchos otros trastornos de ansiedad, las personas con TAG no necesariamente evitan ciertas situaciones como resultado de su trastorno. Sin embargo, si es severo, el TAG puede ser muy debilitante.

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