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Cómo modificar la dieta de tu hijo y minimizar los ataques de asma

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Padres de niños que padezcan asma pueden optar por modificar y adaptar los hábitos alimenticios del niño para ayudarlo a combatir el asma.
Foto: KristyFaith

Muchas personas creen que la contaminación, polvo y polen, son los principales culpables de los ataques de asma en los niños. Sin embargo, los resultados de las investigaciones más recientes indican que la afección puede estar mucho más relacionada con lo que estos pequeños comen.

Que un paquete de papas fritas representa un daño mayor para un niño que sufre de asma como hipótesis no es reciente. De hecho, países como Estados Unidos, Austria y Gran Bretaña han centrado estudios e investigaciones en torno a esta hipótesis. No sólo se enfocaron en establecer una relación entre ambos, sino que determinaron que no basta con quitar o suprimir u alimento determinado de la dieta del niño, sino de establecer una dieta que cubra sus necesidades y lo ayude a convivir mejor con la afección.

Aunque es necesario que se realicen nuevos estudios al respecto, las evidencias y los hallazgos hasta el momento son contundentes. Mientras tanto, padres de niños que padezcan asma pueden optar por modificar y adaptar los hábitos alimenticios del niño para ayudarlo a combatir el asma, siempre teniendo en cuenta que de ninguna manera estas sugerencias y consejos suplantan la consulta con el médico especialista, con quien se deben de consultar los cambios en el menú.

Frutas y vegetales para los pulmones

Científicos estadounidenses se trasladaron a Arabia Saudita, para comparar la incidencia de niños asmáticos con los casos observados en grandes ciudades de Estados Unidos. La dieta de los países orientales -en contraposición a los occidentales- suele ser rica en frutas y vegetales: de ahí que los investigadores se interesaran en Arabia Saudita.

Los resultados fueron realmente asombrosos: aun cuando en las metrópolis se controlaban los factores de mayor riesgo para los asmáticos, los casos de asma eran tres veces más frecuentes en EEUU.

¿Podría encontrarse la diferencia en el consumo de frutas y vegetales? Los investigadores suponen que sí: aparentemente, estos alimentos son capaces de mejorar la función del sistema inmunológico. Múltiples elementos encontrados en las frutas y vegetales actúan como antioxidantes, reduciendo el estrés al que se someten las vías respiratorias cuando el sistema inmune reacciona contra una bacteria o virus.

Por lo general, los niños no tienen problemas para comer frutas, pero con los vegetales muchas veces se presentan problemas. No obstante, es necesario que introducir vegetales en su dieta.

El niño debe consumir 3 porciones de vegetales por día. Entre 1 y 6 años, una porción equivale a una cucharada de vegetales por cada año que tengan. De 7 años en adelante, necesitan un poco más: una porción es una taza de vegetales.

Consejos para que el niño coma vegetales:

  1. Déjalo que elija: acompaña las comidas con varios vegetales y permite que tu hijo seleccione aquellos que más le gusten.
  2. No exageres con los aderezos: un toquecito de aceite de oliva es lo recomendable, a menos que al niño le guste un aderezo en particular.
  3. Muéstrale el lado dulce de los vegetales: si los cocinas a la plancha o parrilla, algunos vegetales -como las zanahorias o espárragos, por ejemplo- adquieren un sabor dulce que los hace más atractivos.

La relación entre el calcio y el asma

Durante casi una década, los investigadores del Centro Internacional Para el Estudio del Asma y Alergias en la Niñez, en Nueva Zelanda, han analizado las dietas de 700.000 niños en 50 países. La conclusión a la que llegaron es realmente sorprendente: los pequeños que llevaban una dieta rica en calcio, tenían menos probabilidades de padecer alergias y ataques de asma.

Por otro lado, un estudio llevado a cabo por la Universidad de Nottingham, Inglaterra, concluyó que el calcio no es el único mineral necesario. El magnesio es fundamental, favoreciendo la actividad pulmonar y el flujo de aire. Ambos nutrientes se encuentran en la leche, por lo que es recomendable que el niño la consuma –junto con otros alimentos que contengan calcio y magnesio– con regularidad.

Un pequeño de entre 1 y 3 años necesita 500 mg de calcio y 80 de magnesio. Si la edad oscila entre los 4 y 8 años, los niveles de calcio por día suben a 800 mg y los de magnesio a 130. Es importante que el niño obtenga sus requerimientos diarios de alimentos y no de suplementos vitamínicos.

Popular y tradicionalmente, la leche es una buena aliada. Pero ante un reciente y creciente movimiento anti-lácteos, o si como padre no te sientes cómodo dándole leche a tu niño, hay otros alimentos para incorporar, como cereales, vegetales verdes, porotos negros y pescado.

Los alimentos bajos en grasa favorecen la respiración

En los ingredientes de múltiples comidas procesadas es posible encontrar aceite parcialmente hidrogenado. Este tipo de grasa comienza siendo poli insaturada con alto contenido de ácidos grasos omega-6. Pero, durante el proceso digestivo, nuestro organismo modifica la composición de la grasa, convirtiéndola en un ácido graso de gran beneficio para la salud: omega-3. Sin embargo, durante esta transformación, ciertos químicos inflamatorios son producidos por el cuerpo, generando así reacciones alérgicas y ataques de asma.

Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Harvard en Estados Unidos, encontró que los niños que consumían mayor cantidad de margarina -como grasa poli insaturada- tenían hasta 40% más de probabilidades de presentar síntomas de asma y otras enfermedades como el eczema, por ejemplo. Entre las comidas y alimentos a evitar se encuentran las comidas rápidas, dulces horneados y las papitas fritas o tostones -frito de banana. La comida rápida puede ser económica y conveniente, pero no es una buena opción para alimentar a un niño: los altos contenidos de grasa, sal y azúcar que suelen incluir este tipo de comidas, representan un peligro para la salud.

Los ataques de asma son una molesta afección que impide, a cientos de niños, llevar una vida tranquila y amena. Si puedes ayudarlo con el simple hecho de modificar sus hábitos alimenticios, entonces bien merece la pena el esfuerzo

 

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