Verdades y mentiras sobre la moda de los alimentos naturales

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Estrictamente hablando, hablar de un alimento natural es hablar de aquél que se produce de forma espontánea.
Foto: Wendell (...-Wink-...)

En los últimos tiempos se ha empezado a dar más importancia al origen y proceso de producción de los alimentos que comemos diariamente. Pero lo cierto es que el término natural se usa con demasiada facilidad, y muchas veces el producto al que hacen referencia lejos está de serlo.

En la actualidad, el término “natural” es ampliamente usado, sobre-usado y abusado a la hora de promocionar un producto alimenticio. Para el inconsciente colectivo, la adición de la palabra natural al nombre o descripción de un producto lo dota de maravillosas propiedades, y la palabra “natural” en sí asegura que se trata de un producto inocuo o incluso benéfico para el cuidado de nuestra salud.

Irónicamente, los “alimentos naturales” suelen poseer propiedades que, de hecho, nada tienen de naturales. Lo cierto es que las supuestas propiedades superiores de estos alimentos nunca han sido debida y científicamente demostrados.

Concepto de lo natural

Estrictamente hablando, hablar de un alimento natural es hablar de aquél que se produce de forma espontánea, sin ningún tipo de intervención por parte del hombre. Pero lo cierto es que desde los comienzos de la agricultura y con la domesticación de animales, las especies vegetales y los animales han sido manipulados a través de distintos métodos de cultivo y crianza con el fin de aumentar la productividad y hacerlos más apetecibles.

Este hecho está ligado a la civilización, y es impensable -por no decir improbable- que el hombre se vuelva a alimentar de plantas y animales salvajes. Vale señalar que no todo lo que crece de forma natural y espontánea es adecuado para nuestra alimentación. La mandioca en estado natural, por ejemplo, es altamente tóxica, y para volverla inocua y apta para el consumo se debe moler la raíz o mantenerla en agua y secarla posteriormente. Y al igual que con la mandioca, muchos otros alimentos naturales deben pasar por algún tipo de intervención humana para que sean aptos para el consumo.

¿Natural es igual a sano?

Exceptuando la leche materna durante los 4-6 primeros meses de vida del hombre, ningún alimento es capaz de proporcionar por sí sólo los 50 nutrientes esenciales para una buena nutrición. Y es aquí donde radica la importancia de una dieta variada.

Casi la mitad de los alimentos de consumo diario contienen sustancias que no son indispensables para una buena nutrición. La papa, por ejemplo, contiene 150 sustancias no nutritivas, algunas de ellas incluso tóxicas como la solanina, que aparece en los brotes viejos.

¿Los alimentos naturales son mejores que los procesados?

Como ya hemos comentado anteriormente, el término “natural” se aplica a todo alimento sin procesar. La cocción de los alimentos es una práctica humana de más de medio millón de años, que cambió decisivamente la forma de vida del hombre, distinguiéndose de la vida animal. Pero para la cocción de los alimentos se requiere la presencia e intervención del hombre, por lo que se podría decir que ese alimento ha dejado de ser natural. Y es por esto por lo que algunos entusiastas de la alimentación natural defiendan también el consumo de alimentos crudos.

Los crudívoros sostienen que la cocción modifica la estructura molecular de los alimentos, destruyendo así una gran parte de las sustancias esenciales en la alimentación del hombre, como vitaminas, minerales y enzimas. Pero lo cierto es que algunos alimentos, al consumirlos crudos, pueden suponer un riesgo para la salud. Es importante recordar que durante la cocción se eliminan sustancias potencialmente tóxicas, como es el caso con algunas leguminosas que, al consumirlas crudas, causan aglutinamiento de los glóbulos rojos, por lo que es necesario cocinarlas por al menos 10 minutos para destruir estas sustancias.

Contrario a la creencia popular, algunos alimentos procesados pueden ser más seguros y son superiores en su contenido y minerales a sus equivalentes sin procesar, especialmente si el supuesto alimento fresco ha estado conservado inapropiadamente.

Natural vs. Artificial

Dentro de los alimentos, uno de los que con más frecuencia van acompañados del adjetivo “natural” es el yogurt y otras leches fermentadas. Estos suelen ser alimentos con alta riqueza en calcio, proteínas, y un bajo contenido en grasas, que forman parte de una dieta variada. En los últimos 30 años, el yogur y las leches fermentadas se han introducido en la alimentación diaria del hombre, pero es preciso desmitificar el yogur como fuente de calcio por excelencia.

Otra idea errónea y muy extendida en el campo de los “naturistas” es la que los aditivos son sustancias perjudiciales para la salud. Los aditivos son unas sustancias perfectamente utilizables que permiten una mayor variedad en nuestros hábitos alimentarios. Podemos definir aditivo como toda sustancia intencionadamente añadida a alimentos y bebidas sin cambiar su valor nutritivo, a fin de modificar sus caracteres, técnicas de elaboración o conservación, para mejorar su adaptación al uso al que son destinados. Para ser aprobado su uso, el balance de su utilización ha de ser claramente positivo, por lo que la presencia de un aditivo en un alimento, en la mayoría de los casos, no está sólo justificada sino que es conveniente.

Otro aspecto que hoy en día está adquiriendo muchísimo interés en relación con la “alimentación natural” es el de los llamados productos ecológicos u orgánicos. Para que un producto sea comercializado como orgánico, no se deben utilizar hormonas, abonos inorgánicos, plaguicidas ni herbicidas compuestos por productos químicos. Además, la tierra en la que se cultiva debe de estar limpia de pesticidas y productos químicos. Pero es importante destacar que, si bien es cierto que este tipo de alimentos no posee tóxicos ni ningún otro compuesto químico, esto no quita la potencial presencia de otras sustancias naturales pero igualmente tóxicas.

Lo cierto es que no es posible modificar el contenido nutricional de un alimento según su cultivo, y tampoco se puede negar que los productos orgánicos presentan un mayor riesgo de parasitosis. Además, es importante tener en cuenta que los productos comercializados como orgánicos no siempre lo son.

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